lunes, 15 de mayo de 2017

¿MERECE LA PENA DEBATIR SOBRE POLÍTICA?

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No sé si os pasa igual que a mí, pero de un tiempo a esta parte me resulta muy poco productivo debatir sobre cuestiones políticas con casi nadie. Citando al filósofo José Antonio Marina  (consultar aquí artículo):
"Los debates políticos suelen ser con frecuencia monólogos enfrentados. O sea, no debates. Nadie convence a nadie. En un libro recientemente traducido, antiguo pero muy actual ('Política moral. Cómo piensan progresistas y conservadores', Capitán Swing, 2016), George Lakoff muestra algo que estudios más recientes han confirmado: las posiciones políticas suelen obedecer a motivos no racionales. Son preferencias emocionales, incluso caracterológicas, que luego buscan justificación. Resultan invulnerables a la crítica porque solo perciben los datos o los argumentos que las favorecen. Se trata de un conocido proceso de autodefensa que genera mecanismos de inmunización cognitiva. Todos podemos caer en ellos..."

Pensad por un momento en lo que sucede en las tertulias políticas que vemos en televisión. ¿No os da la sensación de que nadie escucha a nadie? En realidad, si conoces mínimamente a los contertulios, sus opiniones son previsibles de antemano y lo que podría ser un enriquecedor intercambio de opiniones se convierte, en el mejor de los casos, en un diálogo de sordos, cuando no en una insufrible permuta de insultos y descalificaciones. 

Yo lo vivo en primera persona cada vez que comparto algún artículo de opinión (mío o ajeno) con mis amigos para que lo lean. Da igual cual sea el tema. Inevitablemente, cada individuo se posiciona en una creencia predeterminada según sea su ideología y defiende a capa y espada, generalmente con argumentos más emocionales que racionales, su opinión. No importa que aportes datos y cifras objetivas. De un modo u otro terminan despreciando (o, directamente, ignorando cuando no les convienen) tus aportaciones para justificar su punto de vista. Y nadie cede...

Me pregunto si ellos me percibirán a mí del mismo modo. Francamente, no me gustaría. Obviamente, tengo mis ideas y creencias políticas pero, al situarse estas en el centrismo, quiero pensar que no son inamovibles, sino que soy permeable al análisis objetivo de datos, a las opiniones razonadas y argumentadas de aquellos con quien debato... Gusto de la ecuanimidad y huyo de prejuicios. O, al menos, eso creo. Por eso me afilié hace ya un año a un partido, Ciudadanos, que comparte esos mismos criterios. Vivo ese ambiente en mi agrupación y lo percibo en la forma de actuar del partido cuando leo noticias en las que somos protagonistas. Es nuestra forma de ver la política y estoy seguro de que, poco a poco, cada vez más gente, harta de enfrentamientos y del clima de hostilidad que envuelve a otros partidos, comparte esta visión con nosotros.

Por mi parte, aunque tengo la tentación de no compartir más mis reflexiones, voy a seguir publicando estos artículos de opinión en mis redes sociales (si no, ¿para qué los escribo?). Aceptar las críticas nos ayuda a todos a crecer como personas y, si me demuestran que mis puntos de vista están equivocados, no me importa rectificar mi opinión y reconocer mi error. 

Ya para terminar, quería compartir con todos una infografía que encontré el otro día por la red que me pareció muy didáctica respecto a cómo debe afrontarse un debate. Su lectura me hizo reflexionar y, desde luego, la próxima vez que alguien quiera discutir conmigo sobre alguna cuestión política, lo voy a tener muy en cuenta.


Recomiendo a todos su uso. Sin duda, de hacerlo así, el debate político tendría otro talante mucho más constructivo.

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jueves, 11 de mayo de 2017

EDUCACIÓN vs. SANIDAD

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Ante la nueva polémica suscitada por la supresión de conciertos en varios centros educativos de nuestra comunidad, y en respuesta a la pregunta realizada por Mercedes Ventura, portavoz adjunta de Ciudadanos en el pasado pleno de las Cortes Valencianas, el "Conseller d'Educació" Vicent Marzá trató de justificar una actuación de claro carácter ideológico mediante una analogía entre los sistemas educativo y sanitario, como podemos leer en la siguiente noticia.  Curiosamente, días, antes yo ya había leído unas declaraciones de Mónica Oltra en las que también aparecía la misma comparación:
"Traslademos este tema a la Sanidad por ejemplo. Imaginemos que una persona ha de recibir un tratamiento que la Sanidad pública ofrece pero esa persona quiere que se le administre en un centro privado por las cuestiones que fuese. Y como ese hospital le gusta, exige a la Generalitat que firme un concierto para poder ir. Suena evidente, ¿verdad? Esa persona podrá ir al centro privado, claro que sí, pero como la Sanidad pública lo ofrece, pues tendrá que pagárselo de su bolsillo porque es su elección rechazar la pública y optar por la privada".
O Marzá sigue ciegamente "la voz de su ama" o se trata de un discurso prefabricado por el aparato de Compromís y repetido por todos los cargos del partido. Reconozco que es un argumento "resultón", convincente en una lectura rápida. Ahora bien, si reflexionamos un poco, veremos que es un razonamiento con trampa, simplista, burdo y que se desmorona como un castillo de naipes. Veámoslo.

Es innegable que se trata de dos servicios básicos y fundamentales para todos los seres humanos. Tanto la salud como la educación aparecen siempre entre las máximas prioridades de cualquiera a quien le preguntes, pero muestran algunas diferencias implícitas en su propia naturaleza. Para empezar, la educación conlleva una obligatoriedad  hasta, como mínimo, los 16 años, debiendo acudir a las aulas a diario; mientras que la asistencia sanitaria, aunque dura toda nuestra vida, solamente se recibe puntualmente, en caso de necesidad. En la mayoría de los casos, además, para tratar enfermedades, digámoslo así, comunes (como resfriados) por lo que no hay ninguna necesidad de acudir a una clínica privada para su tratamiento. Traigo esto a colación porque, tal y como plantean su defensa el binomio Oltra-Marzá, parece que no haya diferencias entre la sanidad pública y la privada (lo cual desconozco), y aprovechan para extrapolarlo al otro servicio, la educación. Sin embargo, mal que les pese a algunos reconocerlo, sí existen diferencias importantes entre los centros concertados y los públicos, como, por ejemplo, la interinidad del profesorado en estos últimos, las dificultades para implicar docentes en proyectos a largo plazo como consecuencia de la movilidad de los mismos, la enseñanza de la religión, la implicación de las familias... entre otras cuestiones más o menos significativas en algunos casos, pero que provocan que, aun hablando de un mismo servicio, presenten características que los hacen distintos.

Y esta diferencia es fundamental para introducir un segundo punto aspecto en el debate. La Constitución española garantiza ambos derechos, pero con un matiz fundamental para el tema que nos ocupa: mientras que en el artículo 27 (sobre educación) reconoce el derecho de los padres a elegir la formación moral y religiosa que esté de acuerdo con sus propias convicciones, imponiendo en el mismo artículo, además, a los poderes públicos el mandato de ayudar a los centros docentes que reúnan los requisitos que la ley establezca, no hay ningún apartado en el artículo 43 (sobre sanidad) en el que se regule que haya que financiar la sanidad privada. Por tanto, dado que nos encontramos ante situaciones legales diferentes, la comparación ya pierde gran parte de su sentido.

Y por último, está la cuestión económica, que yo creo que es donde más empeño ponen Oltra y Marzá para tocar la sensibilidad de la ciudadanía. Al respecto, lo primero que hay que señalar es que en el sistema sanitario español, aunque sí existe en la actualidad un régimen de conciertos, se trata de algo poco generalizado y menos conocido por la sociedad en general (de hecho, me pregunto si nuestros gobernantes autonómicos eran conscientes de ello cuando hicieron estas declaraciones... de ser así, ¿qué sentido tienen sus palabras?). Nunca se habla de ello, aunque me consta que también hay intenciones de eliminarlos. Sin embargo, nuestro sistema educativo goza de un amplio abanico de escuelas concertadas con gran demanda por parte de los españoles, con lo cual, su mantenimiento no aumenta los actuales presupuestos de ninguna administración. Por otra parte, tal y como plantean la analogía los representantes de nuestro gobierno autonómico, sugieren que suprimiendo los conciertos se reducirá el gasto, pues, según ellos, eliminas duplicidades. Sin embargo, la realidad es bien distinta. Todos los estudios serios realizados (especial énfasis en la palabra "serios") concluyen que el gasto por alumno es bastante mayor en la escuela pública que en la concertada, aunque difieren en la cantidad. Eliminando conciertos no solamente no reduces el gasto, sino que lo aumentas, ya que ese alumnado dejará de estar escolarizado en un centro para estarlo en otro. 

Dicho esto, me gustaría que, tanto el conseller Marzà como la vicepresidenta Oltra sean valientes y reconozcan que los verdaderos y únicos motivos que tienen para suprimir conciertos son ideológicos. No pasa nada. Están en su derecho. Y, ya de paso, que se pregunten por qué hay gente que, teniendo una escuela pública cerca, prefiere escolarizar a sus hijos en una concertada. Si lo que pretenden es mejorar la calidad de la primera, sin duda, dar con la respuesta a esta cuestión sería un paso importante para conseguirlo.


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lunes, 8 de mayo de 2017

CON EL DINERO DE MIS IMPUESTOS...

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Año tras año, a estas alturas de curso, coincidiendo con el periodo de matriculación en los colegios, se reabre el debate sobre la escuela concertada. Controversia avivada últimamente en la Comunidad Valenciana por las polémicas decisiones del “conseller d'educació” Vicent Marzà al respecto. Y, también inevitablemente, una y otra vez se utiliza el mismo razonamiento para atacar a la escuela concertada (que no para defender las muchas virtudes de la pública): "El dinero de mis impuestos para la enseñanza pública. El que quiera enseñanza privada, que se la pague". Personalmente, me parece un argumento demasiado simplista, incluso me atrevería a decir que roza lo pueril. Pero, sobre todo, creo que es fácilmente rebatible, lo cual voy a intentar hacer basándome en tres aspectos.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que pagar impuestos es una obligación de todo ciudadano, pero que ello no implica que nos dé derecho a solicitar “inversiones a la carta”. De ser así, las personas cuyos hijos ya no están en edad escolar, o todas aquellas que, sencillamente, no tengan descendencia, también podrían protestar por el hecho de que con sus impuestos se sufrague la escuela pública. Pongo otro ejemplo. Afortunadamente, no voy al médico desde hace unos cuantos años y, como yo, hay un buen número de ciudadanos. Sin duda, es un servicio necesario, pero viendo la parte de mis impuestos que se destinan a la Seguridad Social, a mí me resulta carísimo. Sin embargo, ni yo ni nadie cuestionamos esta partida de dinero público. Un ejemplo más. No voy al fútbol ni mis hijas juegan en ninguno de los clubes deportivos locales, los cuales son entidades privadas que reciben subvención del ayuntamiento. ¿Debo pedir por ello que se supriman dichas ayudas económicas? Y por último, ¿qué hay de las festividades locales (como carnavales o procesiones de Semana Santa) en las que no participo ni como espectador? Creo que hay que ser solidario y comprensivo, comprender que las personas somos muy diversas, y que la obligación de todo gobierno es intentar satisfacer las necesidades de todos. 

Un segundo aspecto que me parece importante que se tenga en cuenta es que este dinero de nuestros impuestos está destinado a garantizar uno de los derechos fundamentales que recoge la Constitución Española en su artículo 27, como es la libertad de elección. Sucede lo mismo con otros derechos básicos. También las diferentes administraciones públicas destinan parte de nuestros impuestos a subvencionar la adquisición de una primera vivienda y no se cuestiona esta iniciativa, ni siquiera por parte de aquellos que nunca han adquirido una casa de protección oficial. Por otra parte, es importantísimo que no se nos imponga un único modelo de educación, del mismo modo que no nos gustaría que se nos impusiera votar a un único partido político, (los cuales, dicho sea de paso, también reciben subvenciones del estado) o una única religión.

Y, por último, está el tema, nada baladí, del coste que tiene por alumno un modelo de educación y otro. Según esta noticia (que he contrastado con otros informes y estudios, todos con idénticas conclusiones) el gasto por alumno que supone para el estado uno en una escuela pública es prácticamente el doble que en un centro concertado. Por tanto, suprimir esta para redirigir a todos los estudiantes a un modelo público supondría tener que aumentar considerablemente el presupuesto en educación. Además, hay que tener en cuenta que no hay, en la actualidad, suficientes plazas públicas para todos, con lo cual, de optar por esta drástica solución, sería necesario construir nuevos centros, con la inversión que ello supondría. Sabiendo que esta cantidad de dinero tienen que salir de las arcas públicas y que estas se llenan con el dinero de nuestros impuestos, ¿cuántos de vosotros estaríais dispuestos a que el gobierno os los suba para sufragar estos gastos? Habiendo una alternativa que ya existe, tiene demanda y funciona bien, creo que la respuesta es obvia.


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viernes, 28 de abril de 2017

MARZAQUIAVÉLICO

                                                       * Procedencia de la imagen

Maquiavelismo: modo de proceder que se caracteriza por la astucia, hipocresía y perfidia para conseguir lo que se desea. 

Leyendo la definición anterior, me parece que no hay mejor manera de definir el comportamiento y actitud que tiene el Conseller d'Educación Vicent Marzà con la escuela concertada.

Viene esto a colación por una noticia que he leído recientemente (la cual podéis consultar en este enlace)  que afecta a varios colegios públicos de Alcoy y comarca (pero que, imagino, será extrapolable a otros lugares de la Comunidad). ¿Cómo? ¿Qué Marzà cierra hasta 7 unidades en centros públicos? ¡No me lo puedo creer! Las reacciones de los grandes defensores de lo público no se han hecho esperar. "¡Marzà es grande!", "¡Qué ejemplo de ecuanimidad"!, "¿Veis como no persigue el fin de la concertada?"... Sin duda, estaban esperando un anuncio redentor de este tipo para echar en cara las críticas recibidas por decisiones anteriores, y por lo que veo lo deseaban con gran ansia.... En fin. Siento tener que decepcionarles, pero detrás de esta noticia se esconde un nuevo ataque en toda regla a la escuela concertada. La diferencia es que, esta vez, lo ha hecho de manera mucho más sibilina, más sutil, de forma que, incluso ha sido capaz de que parezca lo contrario. Maquiavelismo en estado puro. Veámoslo.

Pienso, por ejemplo, uno de los centros que nombra la noticia (me vais a permitir que yo omita de cual se trata). Es un colegio que se construyó para albergar tres líneas, aunque en ningún momento de su historia reciente las ha llegado a utilizar por falta de demanda: tienen alumnado para dos clases por nivel, y en estos últimos años, ni siquiera las han llenado. Perdonadme que insista, pero es importante que esto quede claro: tienen dos aulas por nivel. Por tanto, si para el próximo curso se les permite que oferten plazas para dos aulas... ¿dónde está la pérdida? Más allá de la ideología política de cada cual, los números no engañan: este colegio se quedará tal y como estaba. 

Pero el anuncio de la Conselleria no acaba aquí. Para compensar esta supuesta, y ya hemos visto que falsa, pérdida, se les permite que ofrezcan una unidad más, gratuita por supuesto, en infantil de 2- 3 años. Por si alguien no lo sabía, en infantil de 2 años solamente tenían una unidad, pasando ahora a tener dos. ¿Dónde está la pérdida? Desde luego, en este centro, en ningún lado. ¿Quiénes son los grandes perjudicados por este arreglo? Las guarderías privadas, que, con toda seguridad, verán disminuir el número de alumnos de 2 años y, por supuesto, los colegios concertados que ofertan aulas de 2 años. Para vuestra información, estas aulas no están concertadas, siendo módulos privados que pagan las familias *

En conclusión, esta medida va destinada a cortar la principal fuente de la que se alimentan los colegios concertados: cuantos menos alumnos se matriculen en los niveles iniciales, menos alumnado subirá al resto de las etapas, teniendo así un motivo para ir suprimiendo, paulatinamente, los conciertos educativos y abocándolos al cierre.

¿Es o no es maquiavélico?


* Según parece, esta parte de la noticia no es cierta. Estos colegios ya tenían una unidad de dos años a modo experimental desde hace un par de cursos. Una vez consolidada, de cara al próximo curso ya aparece como tal en el anuncio de Conselleria, pero ello no implica que se aumenten las unidades, sino que siguen ofertando 1. Mi interpretación errónea se debe a la lectura de una noticia mal redactada. Mis disculpas a todos los afectados.

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domingo, 2 de abril de 2017

FANTASMAS

De un tiempo a esta parte, el descubrimiento del cartel se ha convertido en el primer acto (no oficial) de fiestas. Personalmente, en especial desde la proliferación de los "memes" y el auge de las redes sociales, me encanta este evento. Me lo paso en grande. Y lo de este año ya roza en lo sublime. Obviamente, como buen alcoyano tengo mi opinión sobre el cartel de este año:


Mayoritariamente, el cartel no ha gustado a los alcoyanos. Y no por su ejecución técnica, la cual supongo yo que será impecable.  Leo la explicación de la autora:
"M'he inspirat en la pintura prerafaelista -en concret un il·lustrador Frank Cadogan- i els cartells de l'estil Art Nouveau per crear el que és per a mi l'ànima de la festa, la deessa que s'ha engalanat per a la festa Mora i Cristiana..."

Como yo soy bastante inculto (y me lo reconozco), siempre había creído que nuestras fiestas se celebraban en honor a Sant Jordi. Pero puede ser que me equivoque, así que corro a Google a buscar algo sobre esa diosa que inspira nuestra fiestas. No me sale nada. Sí que es cierto que en la mitología clásica hay muchas diosas relacionadas con las festividades, pero nada en concreto relacionado con las fiestas de moros y cristianos de Alcoy. Y, como no puede ser de otra forma, la respuesta está en las redes sociales. Según leo a varios usuarios, este cartel es una reivindicación del feminismo, y a todos los que no les gusta es, simple y llanamente, porque aparece una mujer como motivo central del cartel.

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¿En serio?

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Lo mismo que le sucede al niño en esta escena tan famosa, hay gente que ve fantasmas por todas partes. El cartel no gusta porque no tiene relación apenas con nuestras fiestas, no porque aparezca una mujer. Lo mismo daría si se hiciera un cartel en el que el protagonista fuera Julio Iglesias, Rocco Sifredi o el mismísimo conde Drácula, machos alfa por excelencia. Si se quería reivindicar dar protagonismo a una mujer festera, se podría haber hecho perfectamente. Pero... ¿esto?

Como interpretaciones las hay a centenares, cada cual según mejor convenga, voy a aportar una más. Para mí, este cartel es el más machista y discriminatorio que se ha hecho en años. ¿Cuál es el papel que reivindica para la mujer en la fiesta alcoyana? Claramente, según la autora, el rol femenino consiste en tirar claveles a Sant Jordi el día de la procesión, "mudà com un margalló", y recoger flechas tras la aparición, sola, mientras su marido se divierte en la filà con los amigotes...

PD: por si alguien no me conoce lo suficiente, lo de esta interpretación es puro sarcasmo.



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lunes, 13 de febrero de 2017

DESCUBRIENDO EL LIBERALISMO


Durante el Congreso que celebró mi partido, Ciudadanos, se habló mucho del concepto liberalismo. Se escribió mucho acerca de ello antes, durante y después de la celebración del evento. Yo, ignorante consciente como soy de muchas cuestiones políticas, desconocía qué hay detrás de este término, así que, movido por la curiosidad, me dispuse a investigar un poco sobre ello. Lo primero, como hace la práctica mayoría de los mortales actualmente, fue acudir a la Wikipedia, en la cual encontré la siguiente definición:
El liberalismo es una filosofía política que defiende la libertad individual, la iniciativa privada y limita la intervención del Estado y de los poderes públicos en la vida social, económica y cultural.
Completamente de acuerdo con esta afirmación. Voy por el buen camino, porque, además, mi manera de pensar está alineada al 100% con la misma. Sin embargo, en vista de que no resolvía todas mis dudas (al contrario, me creaba más), compré y leí un libro que me pareció que iba a resolverlas de un plumazo.


El título no dejaba lugar a dudas. Supuse que se trataría de un manual completo para iniciarse en esta filosofía que, además, no era muy largo, con lo cual lo leí con avidez. Mi gozo en un pozo. Este libro ofrece una visión histórica del liberalismo, habla de su génesis, de las diferentes corrientes que ha habido y de sus principales teóricos. Vamos, que no es lo que yo buscaba, aunque algunas pinceladas ofrece. 
Para ser sincero, tampoco puedo decir que no me haya gustado. Sirve para ampliar mi cultura general, pues después de su lectura, ya me suenan los nombres de pensadores como David Locke, Adam Smith, John Stuart Mills y otros muchos. Y también me ha quedado claro que esto del liberalismo no es un pensamiento nuevo, sino que ya en los textos de Platón y Aristóteles se podían encontrar algunos rasgos liberales. 
Sin embargo, el relativo fiasco no hizo más que acrecentar mi interés por conocer cómo se aplica el pensamiento liberal a la política de hoy en día. Así que seguí buscando...Y por medio de Twitter, me llegó esta recomendación:


La experiencia anterior me sirvió como escarmiento, de tal manera que antes de gastarme más dinero en un libro que no sabía si, esta vez, iba a satisfacer mis necesidades, investigué un poco acerca del autor. ¡Hombre! Se trata de un autor actual, con lo cual era más que posible que fuese lo que yo buscaba. Lo compré, lo leí... ¡y me entusiasmó!

No voy aquí a desvelar todas sus virtudes. Sí recomiendo a todos aquellos que estén interesados en saber algo más sobre esta teoría política que lo compren y lo lean, porque se trata de un texto ameno, relativamente sencillo de leer y, sobre todo, muy clarificador, con propuestas e ideas concretas. No me resisto a reproducir aquí dos extractos que, seguro, os harán reflexionar, tal y como me sucedió a mí. El primero de ellos lo encontramos en la misma introducción del libro, cuando refiriéndose al movimiento ciudadano del 15M afirma que:
la indignación se dirigía contra un presunto acontecimiento (el achicamiento del sector público) que siglos atrás hubiese sido motivo de celebración y regocijo colectivo entre los ciudadanos. En su momento, los hombres libres no luchaban por agrandar el tamaño y el poder del Estado, sino por reducirlo a su mínima expresión. Lo que los indignados consideraban un fundamentado casus belli contra el conjunto del sistema, habría sido reputado por esos hombres libres de antaño como la más básica de las conquistas sociales

Y este segundo fragmento. que encontramos al comienzo del primer capítulo:
El Estado es coacción, violencia. La inmensa mayoría de la gente se opone de manera instintiva al ejercicio de la violencia pero, paradójicamente, aprueba sin reservas la existencia del Estado. Todo el mundo rechaza los trabajos forzados pero, en varios países occidentales, la mayoría de la población sigue aceptando el servicio militar obligatorio; todo el mundo rechaza el robo con intimidación, pero la mayoría de la gente sigue aceptando la legitimidad de los impuestos y la amenaza del uso de la fuerza contra aquellos que se nieguen a abonarlos; todo el mundo rechaza que una compañía nos cobre por unos servicios que no le hemos demandado, pero la mayoría acepta que el Estado nos fuerce a pagar el sistema educativo estatal aunque queramos utilizar otros centros de enseñanza; todo el mundo rechaza que un empresario contrate a unos mafiosos para que fuercen el cierre de sus competidores, pero muchos aceptan que el Estado establezca monopolios públicos o que restrinja coactivamente la libre competencia repartiendo licencias de exclusividad entre aquellas personas a las que él escoja.
No sigo. La verdad es que el conjunto del libro no tiene desperdicio. Quizá, por hacer alguna crítica, en algunos aspectos me parece demasiado utópico, con propuestas ciertamente irrealizables. Pero, a pesar de eso, me ha servido para cumplir el objetivo que perseguía yo cuando lo compré: entender mucho mejor en qué consiste el liberalismo y qué políticas servirían para implantarlo hoy en España.

A modo de conclusión: una lectura muy recomendable para todos los Ciudadanos como yo. Y también (¿porqué no?) para cualquier español, independientemente de que simpatice con una u otra ideología política.


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lunes, 16 de enero de 2017

ASPIRACIONES

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Este pasado fin de semana, mi familia y yo nos juntamos para cenar con unos amigos a los que hacía tiempo que no veíamos. Como suele suceder en estas ocasiones, hacia el final de la cena, los niños se juntan con los niños para jugar, las mujeres se sientan juntas y los maridos, también, y cada cual entabla su propia conversación. En nuestro caso, después de agotar todos los temas típicos y tópicos de los que hablamos los hombres (ya sabéis: fútbol, coches, mujeres, deportes...), pasamos a otro de los temas recurrentes en cualquier conversación informal: política.

Yo suponía que el diálogo avanzaría por los caminos habituales: corrupción, actualidad, economía... Pero en lugar de eso, mi amigo me lanzó una pregunta directa, de forma inesperada:
- Y tú... ¿a qué aspiras en política?

Me pilló por sorpresa, desprevenido. No supe qué contestar. Y no lo supe porque, la verdad, no me he parado a pensar en ello nunca hasta hoy. No tenía una respuesta meditada. Y no fui capaz de improvisar nada que me resultara convincente. Así que cambiamos de tema...

Sin embargo, el interrogante caló en mí. Vamos, que me jodió el fin de semana (perdón por la expresión), porque en vez de relajarme y disfrutar de los días de descanso, he estado dándole vueltas a la cabeza tratando de encontrar una respuesta a esa pregunta. Pero una respuesta honesta y sincera, por supuesto.

En realidad, la réplica era fácil. ¿Cómo no había dado con ella inmediatamente? No sabía la respuesta, simplemente... ¡porque no la hay! No tengo ninguna aspiración, por eso ni siquiera me lo había planteado hasta ahora. Así pues, cogí el teléfono y le mandé un mensaje, pensando que ello zanjaría la cuestión. ¡Iluso de mí! Mi amigo, cual discípulo socrático, me devolvió un nuevo interrogante:
- Y entonces... ¿para qué te has afiliado a Ciudadanos?

¡Maldita sea! No había previsto que el cuestionario siguiera adelante. De nuevo, me vi obligado a buscar una contestación sincera, verdadera, aunque debo reconocer que, en esta ocasión, me costó menos encontrarla.

Estoy afiliado a Ciudadanos porque quiero poder aportar algo, aunque sea una opinión, para tratar de mejorar la situación por la que pasa Alcoy, la ciudad en la que nací, crecí y en la que vivo. La ciudad que quiero y de la que me siento parte. ¿Quiero decir con ello que no me importa lo que pase en la Comunidad Valenciana o en el resto de España? Por supuesto que sí, pero me conformo con poder colaborar en las cuestiones locales.

Y esta misma reflexión me sirve para profundizar también en la original, la que me llevó a este punto. ¿A qué aspiro en política? Si se me permite, voy a cambiar la respuesta inicial, porque me he dado cuenta de que sí aspiro a algo: aspiro a realizar alguna aportación, aunque sea una sola, que sirva para incidir (y, si fuera posible, mejorar) en algo la gestión de Alcoy. Por si a alguien le interesa saberlo, no aspiro a ocupar ningún cargo público, simplemente porque considero que no estoy capacitado para ello. ¿Puedo ser más honesto? Creo que no.

Y, ya que estoy dando respuestas a las preguntas que me lanzan mis amigos, allá va una más.
- Y, ¿porqué en Ciudadanos?

¡Por fin una pregunta que sé responder inmediatamente! Porque la agrupación de Ciudadanos Alcoy está formada por gente como yo, con ilusión, con ganas de trabajar por nuestra ciudad. Porque me han recibido con las brazos abiertos desde el primer día, porque escuchan mis opiniones y se respetan aquellas que no coinciden con las de la mayoría. Porque hay una estructura, unos grupos de trabajo, que nos permiten a todos los afiliados plantear propuestas, debatir otras, colaborar con el grupo municipal para llevar ideas al ayuntamiento... En fin, porque es un partido abierto, democrático, participativo y, sobre todo, con ganas de hacer política de forma diferente.

¿Alguna pregunta más?



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